Lo que no se toca

No importa.
Íbamos a ir al museo, te iba a comprar un atril para que pintaras tus miserias y tus miedos. Iba a poner el lavarropas con tus remeras y las mías con poco jabón para que me quede tu olor.
No importa.
Te iba a llevar a la playa en carpa y al bosque sin encendedor. Íbamos a tomar cerveza todas las veces que nos hiciera llorar.
No importa.
Íbamos a hacer un licuado de frutas en silencio mientras el sol entraba por la ventana. Ibas a ir a comprar facturas todos los sábados y no ibas a comer ni una miga, pero ibas a comprar como para dos.
No importa.
Me ibas a pagar cualquier pancho en cualquier lugar aunque te parezca una porquería mi amor por la comida chatarra. Me ibas a mirar mirando las estrellas y te ibas a reír de todas las pelotudeces que dijera.
No importa.
No me ibas a decir quién sos, nunca. Y yo no te lo iba a preguntar, jamás. De vez en cuando ibas a tomar mates, y fumarte un pucho, sólo para tener el sabor a mi.
No importa.
Ibas a ignorar mi existencia como si no fuera posible para mi quererte, pero me ibas a dar la mano bien fuerte cada vez que me vieras. Ibas a ser quien se fascinara con mis encías cuando sonrío.

No importa si nunca ibas a entender qué hacía yo ahí. Porque yo lo presentía y vos lo sabías: los amigos imaginarios no aman. Los amigos imaginarios se escapan. A otra imaginación.

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